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Conoce Palencia

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Fiestas

1132139911428_paloteo_danza_popular.jpg Cuando la vida de trabajo es dura, es necesario compensarla con celebraciones ligadas al desarrollo de las labores. Por eso hemos heredado cantidad de festejos que intentan propiciar una buena sementera, celebrar las cosechas recogidas, honrar al patrón que protegerá al pueblo y sus habitantes de todo mal, recuerdan acontecimientos religiosos o los contrarrestan con versiones paganas más o menos disfrazadas. El resultado es que el calendario de fiestas se sucede casi sin interrupción a lo largo del año con actos de lo más variopinto.

Hay fiestas de marcado carácter gastronómico, como la Paella de Olleros de Pisuerga, el Día del Cangrejo de Herrera de Pisuerga, o las limonadas que preparan con vino de cosecha los pueblos de Tierra de Campos. Recreaciones de pasajes evangélicos, aparte de las procesiones de Semana Santa, inspiran la pastorada navideña de Terradillo de los Templarios, el Auto de los Reyes Magos en Paredes de Nava, o el Bautizo del Niño al son del villancico tradicional "Ea", en la capital. Carácter más civil tienen la representación de la Entrada de Napoleón en Autilla del Pino en la Octava del Corpus y la parodia de Moros y Cristianos en Dueñas durante las fiestas botijeras de agosto. En Villarramiel celebran encierros por las fiestas de San Bartolomé, en los que los caballos adquieren gran protagonismo, y es raro el pueblo en el que no hay al menos una romería en la que se saca en procesión al Santo o a la Virgen, suenan los sones de la dulzaina, el tamboril, el almirez, la tejoleta, la pandereta y la botella de anís, y mozos y mozas aprovechan la ocasión para bailar, cortejar y hacer un agradable paréntesis en la vida cotidiana.

1131005390548_fiestas_2.jpg La indumentaria tradicional parte de la habitual en el siglo XVIII, con algunos elementos medievales y renacentistas. Camisa blanca, chaleco y sombrero negros, pantalón marrón y un fajín rojo visten al hombre. Para la mujer, un corpiño de terciopelo negro, una sobrefalda de paño rojo, amarillo o verde, un mandil negro, enaguas y medias blancas caladas. Los vestidos más ricos llevan bordados con azabache en la falda y el mandil, y como concesión real, las mujeres de la capital pueden llevar cruzada sobre el traje una banda dorada en recuerdo de la heroica defensa que hicieron de la ciudad frente a las tropas del Duque de Lancaster en ausencia de los hombres.

Estos elementos experimentan variaciones dependiendo de la localidad y de la ocasión (no es igual el traje de gala que el de trabajo); pero el cambio es radical cuando hablamos de los danzantes, presentes en buena parte de las fiestas y romerías populares. Entonces son los hombres los que se visten con trajes blancos, con faldas y enaguas almidonadas y una profusión de cintas de colores para ejecutar las danzas típicas en honor del patrón o la patrona del pueblo, como la Danza de la Pata y el Recuadro en la Vega de Saldaña, el Baile de la Cobata en Baltanás, la Jota de Cisneros o la Redondilla de Frechilla, cuyo origen se remonta hasta la época celtibérica.

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